La fama de San Francisco de Sales como buen predicador se iba extendiendo entre la gente...
Algunos fieles, más que escuchar la Palabra de Dios, acudían a escuchar la palabra del predicador. Y algunos de estos oyentes comentaban, después de oír el sermón:
- ¡Qué bien le viene esto a fulanito!
Enterado Francisco del comentario, decía:
- Cuando son invitados a un banquete, cada uno come para sí... acá, por el contrario, se pasan de educados, porque no escogen nada para ustedes, sino que todo lo reparten a los demás...
¡Oh, cuánto desagradan a Dios los juicios temerarios...! Temerarios, porque bastante tiene que hacer cada uno en juzgarse a sí mismo, sin entrometerse en juzgar a su prójimo. San Francisco de Sales