En la salida del Tránsito (donde vivía Brochero) a Pocho vivía un leproso. Era éste de tan mala condición y hablar que nadie se arrimaba para no oírle los insultos y blasfemias.
Brochero, con todo, no temía visitarlo. Le llevaba ropas y alimentos, y hasta se supo que tomaba mate con él. Lo disuadían para que no lo visitara, pero Brochero contestaba con gracia:
- Pero, por favor; si allí hay un alma...
Al final, lo confesó y le llevó la santa comunión. El leproso murió en sus brazos, resignado como un santo.
Dios mío, yo lo elijo todo, no quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti, sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad. Tómala, ¡porque elijo todo lo que tú quieres! Santa Teresita del Niño Jesús