Una vez un paisano del Padre Pío tenía un fuertísimo dolor de muelas. Como el dolor no lo dejaba tranquilo su esposa le dijo:
- ¿Por qué no rezas al Padre Pío para que te quite el dolor de muelas? Mira aquí está su foto, rézale.
El hombre se enojó y gritó furibundo:
- ¿¿Con el dolor que tengo quieres que me ponga a rezar??.
Inmediatamente cogió un zapato y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la foto del Padre Pío.
Algunos meses más tarde su esposa lo convenció de irse a confesar con el Padre Pío a San Giovanni Rotondo. Se arrodilló en el confesionario del Padre y, luego de decir todos los pecados que se acordaba, el Padre le dijo:
- ¿Qué más recuerdas?
- Nada más - contestó el hombre.
- ¿¿Nada más?? ¡¿Y qué hay del zapatazo que me diste en plena cara?!.
Me confieso con un hombre, pero no como a un hombre, sino como a Dios. San Antonio de Padua