Regresaba un día al Vaticano con su secretario después de haber visitado un asilo de ancianos y de haberles obsequiado algunos regalos.
Al pasar por delante de una casa, el secretario, señalándola, le dijo:
- Santidad, en esta casa vive el profesor Lolli, redactor de L´Osservatore Romano. Tiene a su mujer muy enferma. ¿No podría enviarle una bendición?
El papa le contestó:
- Es difícil mandar una bendición por el aire, don Loris. ¿No es mejor llevársela personalmente?
Sin avisar, como tantas veces hacía, estaba llamando a la puerta del redactor del diario para llevarle la bendición en persona...
Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido Santa Teresa de Calcuta