En un tiempo en el que su salud estaba delicada, Juan Pablo II no dejó su buen humor de lado.
Cierto día, hablando en el Vaticano desde un lugar distinto del cual está habituado hacerlo, decía:
- Cerraron el balcón de San Pedro, así que les hablo desde aquí. Nunca me habían hecho tantos estudios. Los médicos descubrieron órganos que ni siquiera sabía que existían...
Que la alegría en el Señor continúe hasta que se extinga la alegría del mundo... Alégrense entonces en el Señor y no en el mundo. San Felipe Neri