| La hostia en el suelo
Una novicia que fregaba el suelo de la capilla tras una celebración eucarística, comprobó que una Hostia Consagrada se encontraba en el suelo entre el altar y el Sagrario. Tan pronto como la Madre se enteró acudió inmediatamente. Lo primero que hizo fue postrarse en la entrada de la capilla. A continuación se levantó y se acercó al lugar en que se encontraba la Sagrada Forma. Allí se arrodilló de nuevo y oró durante un plazo de diez minutos para, acto seguido, postrarse de nuevo ante la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Finalmente repuso la Hostia en el Sagrario.
Dé esto a sus niños
Cuenta la misma Madre Teresa:
“Un día un niño pequeño, de nada más que cuatro años, un niño indio, vino con sus padres y me trajo un tarro de azúcar. Me dijo: "Estaré tres días sin comer azúcar. Dé esto a sus niños". Aquel niño pequeño amaba hasta el sacrificio."
Solo por amor
Una señora, impresionada por verla bañar a un leproso, le dijo:
- Yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dólares,
La Madre Teresa le contestó:
- Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor.
La importancia de la oración
En una ocasión algunas religiosas que la Madre Teresa visitaba en cierto país, hablaron con ella, y como tenían mucho trabajo consideraban que debían reducir el tiempo de oración.
La Madre Teresa les preguntó:
- ¿Cuánto tiempo oran al día?"
Una de las religiosas le contestó:
- Una hora.
- Muy bien -dijo la Madre Teresa-, a partir de mañana que sean dos.
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