Anécdota 1
Un gato para humillarse
Visitaba un prelado a Santa Gema, y por obediencia, tuvo que presentarse; sólo que, antes de hacerlo, cuidó de agarrar un enorme gato que había en la casa y se presentó ante el prelado con dicho gato en los brazos, acariciándolo y haciéndole monerías. El prelado, que ignoraba por completo que aquella era la primera vez que Gema tomaba en sus brazos a semejante animal, y que lo había hecho solo buscando una humillación (para no pretender que la tomen por santa), cayó en el juego.
- Creía visitar a una santa y me encuentro con una idiota - dijo el prelado.
Le volvió la espalda y sólo tuvo un gesto de desprecio hacia ella.
Ella también se dio vuelta y con el gato en brazos, contenta, se ausentó de la sala.