EUCARISTIA
“Si tan solo pausáramos por un momento para considerar con atención lo que ocurre en este Sacramento, estoy segura que pensar en el amor de Cristo por nosotros, transformaría la frialdad de nuestros corazones en un fuego de amor y gratitud.” (Santa Ángela de Foligno)
“Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias”. (San Juan Eudes)
“Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabes que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día.” (San Alfonso Ligorio)
“Así como dos pedazos de cera derretidos juntos no hacen más que uno, de igual modo el que comulga, de tal suerte está unido con Cristo, que él vive en Cristo y Cristo en él.” (San Cirilio de Jerusalén)
“Cristo se convirtió en el Pan de Vida porque comprendió la necesidad, el hambre que teníamos de Dios. Y nosotros debemos comer este Pan y la bondad de su amor para poder compartirlo.” (Madre Teresa de Calcuta)
“Entiendo que no me has dado riquezas terrenas y perecederas, pero me has dado la verdadera riqueza que es el manjar eucarístico. ¿Qué mereciera yo si no consagrase todas mis ternuras a la sagrada hostia? ¡Oh!, sí; lo comprendo, Señor; para obligarme a merecer el Cielo, me lo das ya adelantado en la Tierra.” (Santa Gema Galgani)
“Sé muy bien, ¡oh Jesús! todo lo que puede, todo lo que vale tu manjar eucarístico… Sacramento Santo: recíbeme, recógeme…., cédeme una partecita de su sagrario para mi quietud y descanso. ¡Oh Jesús, amor mío, bien increado! ¿Qué sería de mí si no me hubieras rodeado de amorosos desvelos? Ábreme, Jesús, la puerta de tu corazón. Franquéame la entrada de tu pecho sacramentado. Yo te abro el mío de par en par: introdúcete en él, ¡oh divino fuego!... Abrásame, consúmeme, Jesús. Mas ya siento en mi interior un extraño incendio… ¡Pluguiese a Ti que todo me devorase!” (Santa Gema Galgani)
“Padre, es de noche, la mañana se acerca, yo poseeré a Jesús y Jesús me poseerá. ¿Cuándo he merecido semejante fortuna? No, Padre, ¿verdad que nunca? ¡Oh mi buen Jesús, verdadero Dios, único objeto de mis amores! ¡Oh qué felicidad… morirme después de recibiros! ¡Oh sí…, morirme en el éxtasis de la Sagrada Comunión!... ¡Qué ventura tan inefable! ¡Jesús, único amor mío, ven pronto, que te estoy aguardando!... ¡Dios mío!... os adoro; vuestro amor me está dando la muerte…, vuestro nombre soberanamente dulce lo tendré siempre en la mente, en mi corazón y sobre mis labios… ahora y siempre”. (Santa Gema Galgani)
“Estaría tranquila, pero la comunión me mete un poco de miedo. Temo hacerla mal por falta de preparación, a pesar de que empleo en prepararme la mayor parte de la noche.” (Santa Gema Galgani)
“La Comunión se trata de juntar dos extremos: Dios, que lo es todo, y la criatura, que es nada; Dios, que es luz, y la criatura, que es tiniebla; Dios, que es la santidad, y la criatura, que es el pecado. Trátase de sentarse a la mesa del Señor, ¿y puede haber para ello preparación suficiente?” (Santa Gema Galgani)
“¡Oh preciosos momentos los de la sagrada comunión! La comunión me parece una dicha comparable con la felicidad de los santos y de los ángeles. Ellos miran a Jesús cara a cara, seguros de no ofenderle y de no perderle ya; yo en estas dos cosas les envidio y querría ser su compañera; pero en lo demás me sobran motivos para saltar de júbilo, pues ya lo ve, Padre mío, Jesús entra cada mañana en mi corazón; Jesús se da del todo a mí, a cambio de no darle yo nada, nada absolutamente. Continuamente le pido gracias en tanto número que, a decir, verdad, temo causarle fastidio; pero Él me dice que no se lo causo.” (Santa Gema Galgani)
Una vez, para probar la virtud de Santa Gema, Mons. Volpi (su confesor) le negó la comunión: “Padre, hoy a las cinco fui a confesarme y el confesor me prohibió que comulgase. Padre mío, la pluma no quiere escribir, la mano me tiembla, no puedo menos de llorar”. Su director escribe: “En efecto, estas palabras de la carta, que tengo a la vista para copiarlas, aparecen trazadas con mano convulsa.”
“Después de la comunión quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros. Vivir nuestro día como Cristo, ser Cristo para nosotros y para los demás. Eso es comulgar.” (San Alberto Hurtado)
“La Comunión es el centro de la vida cristiana como Cristo es el centro del cristianismo... Cristianismo sin Cristo, es como concierto sin músicos... y cristianismo sin Comunión, es permanecer en la pura región de las ideas, es como un amor sin presencia, una amistad sin confidencias, una caridad sin donación: cristianismo sin comunión es palabra hueca, vacía de sentido...” (San Alberto Hurtado)
“Lo tenemos a nuestra disposición en todo momento sobre el altar. Vayamos allí a reunirnos con El. ¡Mejor que en todos los libros!” (Edel Quinn)
“Cuando Jesús caminaba por el mundo bastaba tocar sus ropas para quedar curado; ¿qué no hará entrando dentro de nosotros mismos? Algunos hubieran preferido que se quedara resplandeciente y lleno de poder en el Santísimo Sacramento. Pero ¿qué pecador, como en mi caso personal, se hubiera atrevido a acercarse a él? Debajo de pan es fácil su trato. Disfrazado de esta manera, le hablamos casi de igual a igual, sin muchos miramientos y respetos. Parece que desea que nos acerquemos con frecuencia y con llaneza hasta él, de lo contrario ¿para qué se disfrazó?” (Santa Teresa de Jesús)
“Cuando recibimos al Señor, cerremos los ojos del cuerpo y abramos los del alma. Es el momento de tratar con él. Buen tiempo para oír sus enseñanzas, agradecerle y suplicarle que no se aparte de nosotros.” (Santa Teresa de Jesús)
“La hostia consagrada es un milagro de amor, es un prodigio de amor, es una maravilla de amor, es un complemento de amor, y es la prueba más acabada de su amor infinito hacia mí, hacia ustedes, hacia el hombre” (Cura Brochero)
“La Misa es el alimento espiritual que me sostiene, sin el cual no podría vivir un solo día, una hora de mi vida.” (Madre Teresa)
"Si el mundo te pregunta por qué comulgas con tanta frecuencia, dile que lo haces para aprender a amar a Dios, para purificarte de tus imperfecciones, para consolarte en tus aflicciones, para apoyarte en tus debilidades." (San Francisco de Sales)
"La Eucaristía, construyendo la Iglesia, crea precisamente por ello comunidad entre los hombres." (Beato Juan Pablo II)
