ORACION
Santos
“La oración debe ser insistente, ya que la insistencia pone de manifiesto la fe.” (San Pío de Pietrelcina)
"La oración es el desahogo de nuestro corazón en el de Dios." (San Pío de Pietrelcina)
“Para mi la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús.” (Santa Teresita del Niño Jesús)
“Orar a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras. La oración significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las 24 horas del día para vivir con Él, en Él y para Él. Si oramos, creemos. Si creemos, amaremos. Si amamos, serviremos.” (Madre Teresa de Calcuta)
"Cuando se hace bien, la oración conmueve el corazón de Dios y le invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas." (Padre Pio de Pietrelcina)
“La oración es para el apóstol la luz de la vida.” (San Alberto Hurtado)
“¿Qué es la oración? Es la conversación del Hijo con su Padre. El Padre escucha al Hijo, es el Hijo que habla, yo como otro Cristo, tomo los labios de Cristo, si me arrodillo son las rodillas de Cristo, todo mi ser imita a Cristo en su esencia. El que ora no es un vulgar cualquiera, es el Hijo, Cristo el que habla a su Padre.” (San Alberto Hurtado)
“La plegaria de un alma humilde y amante aplaca la ira de Mi Padre y atrae un mar de bendiciones.” (Jesús a Santa Faustina – Diario 320)
“Cuando ustedes recen, piensen en lo que hacen. Orando, hablan ustedes con Dios. Hablar quiere decir pronunciar bien las palabras de modo que la otra persona pueda entendernos; por lo tanto, cuando recen, reciten despacio las plegarias y con aquel tono de voz, con el hablaríamos a un amigo muy querido de nosotros.” (Don Bosco)
“La plegaria, aun cuando estemos llenos de pecado al pronunciarla, inmediatamente nos purifica”. (San Juan Crisóstomo)
“La oración ensancha el corazón, hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios. Sin Él, no podemos nada.” (Madre Teresa de Calcuta)
“Orar a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras. La oración significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las 24 horas del día para vivir con Él, en Él y para Él. Si oramos, creemos. Si creemos, amaremos. Si amamos, serviremos.” (Madre Teresa de Calcuta)
“La plegaria perfecta no consiste en una palabrería, sino en el fervor del deseo que eleva los corazones hasta Jesús.” (Madre Teresa de Calcuta)
“La oración no comienza realmente más que en el momento en que la voluntad, calentada, toma contacto sobrenaturalmente con el Bien divino, y se abandona a Él por amor, para agradarle, para cumplir sus preceptos y sus deseos. La oración reside esencialmente en el corazón.” (Dom Columba Marmion)
“La oración involucra el intelecto, la voluntad y el sentimiento.” (Santa Faustina – Diario 1103)
“Que la oración sea como el aire que respiran, y no una carga” (Virgen María en Medjugorje – 25-07-07)
“Me parece muy importante que antes de hacer una oración vocal (el rosario, los salmos…), dediquemos unos momentos a considerar a quién vamos a hablar, quiénes somos nosotros y qué vamos a decirle o pedir. De este modo nuestra oración vocal será mental. Es mental, porque nuestra mente está en lo que hacemos. Y es vocal porque utilizamos los vocablos, las palabras, proferidas por el Maestro u otras personas.” (Santa Teresa de Jesús)
Biblia
“Oren, para no caer en la tentación” (Lc 22,40)
“Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.” (Mt 6,5-8)
"Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa. Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses." (St 5,16-17)
