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Meditación frente al Santísimo

(por el P.Slavko Barbaric)

Hora Santa

- Jesús, aquí estoy Contigo. Cuando pediste a los Apóstoles que velaran y oraran Contigo para que no cayeran en tentación, también me lo estabas pidiendo a mí. Gracias, Señor, porque con Tu Espíritu has despertado en mí el deseo de acompañarte y glorificar el amor con el que Tú ardías por entregarte a nosotros. Aparta de mí todo lo que me impide estar Contigo. Libérame de todo cansancio a fin de que pueda velar Contigo. Deseo recostar mi corazón en Tu pecho dulce y bendito, y escuchar el latido de Tu noble Corazón en esos momentos, en que estuviste a la mesa con Tus discípulos, cuando nos diste Tu cuerpo y cuando oraste en el huerto de Getsemaní.
¡Libérame, Jesús, de todo lo que me impide estar Contigo!
¡Libérame, Jesús, de todo lo que me impide estar Contigo!
¡Libérame, Jesús, de todo lo que me impide estar Contigo!

(momento de silencio)

- Jesús, Señor, el tiempo de Tu pasión es el tiempo de Tu gloria. Tú oraste:
“Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique. Tú le diste poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le has dado. Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado. Yo te he glorificado aquí en el mundo, cumpliendo la obra que me encomendaste. Ahora, pues, Padre, glorifícame con aquella gloria que yo compartía contigo antes de que el mundo existiera… Ahora, en cambio yo me voy a ti. Si digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, es para que ellos puedan participar plenamente en mi alegría.” (Jn 17,1-6.13)
Admito, Jesús, que me cuesta trabajo reconocer, que el momento de Tu pasión es el momento de Tu gloria. Este misterio permanece oculto a mis ojos; pero en lo más hondo de mi corazón, sé que es verdad.
¡Padre, ha llegado la hora! ¡Glorifica a tu Hijo!
¡Padre, ha llegado la hora! ¡Glorifica a tu Hijo!
¡Padre, ha llegado la hora! ¡Glorifica a tu Hijo!

(momento de silencio)

- Jesús, con mi pensamiento ahora deseo acompañarte en el momento de Tu última cena con los discípulos y por el camino al Monte de los Olivos. ¡Qué habrás sentido en Tu Corazón y en Tu alma cuando Te diste en comunión a Tus discípulos, dándoles Tu cuerpo mismo y Tu sangre! Quiero estar Contigo. ¿Qué habrán sentido Tus Apóstoles? ¿Se darían cuenta de que ese era el momento de gloria en el que comenzó Tu sufrimiento? San Lucas escribe:
“Al llegar a ese sitio, les dijo: ‘Oren para no caer en la tentación’. Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: ‘Padre, si quieres, aparta de mí este amargo cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya’. (Lc 22,40-42)
¡Padre, hágase Tu voluntad y no la mía, ahora y siempre!
¡Padre, hágase Tu voluntad y no la mía, ahora y siempre!
¡Padre, hágase Tu voluntad y no la mía, ahora y siempre!

(momento de silencio)

- Jesús, mientras orabas a solas, Tu corazón estaba unido al de María, Tu Madre. Ella sintió todo y vivió cada momento Contigo, aunque físicamente no estuvo presente. Sus corazones estuvieron estrechamente unidos por un vínculo inefable de amor.
Gracias, María, porque tuviste los mismos sentimientos de Tu Hijo esa noche. Intercede por mí para que el Señor purifique mi corazón de toda dureza y falta de sentimientos o la incapacidad de sentir. Llena mi corazón con Tus mismos sentimientos, María. Quiero compartirlos en este momento como el niño que quiere saber qué está sintiendo su mamá.
Oh María, quiero compartir Tus sentimientos y estar cerca de Jesús.
Oh María, quiero compartir Tus sentimientos y estar cerca de Jesús.
Oh María, quiero compartir Tus sentimientos y estar cerca de Jesús.

por llevarnos a Jesús,
haznos más humildes
tan sencillos como Tú.

Gracias Madre mía
por abrir tu corazón,
porque nos congregas
y nos das tu amor.

(momento de silencio)

- Jesús, los Apóstoles oyeron Tu llamado en el huerto de Getsemaní, pero estaban físicamente exhaustos y se dejaron vencer por el sueño. San Mateo relata:
“Volvió entonces adonde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: ‘¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil’.” (Mt 26,40-41)
Jesús, cuánto Te habrá lastimado ver que Tus Apóstoles se quedaban dormidos y que no se dieran cuenta de Tu agonía, permitiendo que el sueño los venciera mientras Tú orabas de rodillas y experimentabas un miedo mortal. Tú los reprendiste y los invitaste una vez más a orar, pero no los juzgaste. El espíritu estaba dispuesto, pero la carne era débil.
¡Jesús, haz que mi espíritu esté dispuesto y libérame de la debilidad de la carne, entonces podré estar Contigo!
¡Jesús, haz que mi espíritu esté dispuesto y libérame de la debilidad de la carne, entonces podré estar Contigo!
¡Jesús, haz que mi espíritu esté dispuesto y libérame de la debilidad de la carne, entonces podré estar Contigo!

(momento de silencio)

- Jesús, Tus Apóstoles oyeron cuando les pediste que velaran contigo, pero tristemente, a causa del cansancio, cayeron dormidos. San Mateo escribe:
“Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras”. (Mt 26,43-44)
Jesús mío, esta vez ni siquiera despertaste a Tus discípulos, en vez de ello seguiste orando, sufriendo y agonizando a solas. ¡Qué grande es Tu amor por Tus discípulos y por nosotros, oh Jesús! ¡Qué grande es Tu bondad y cuán profunda Tu humildad! No Te derrumbas porque los Apóstoles están dormidos, no les reprochas su insensibilidad, su debilidad o flojera, Tú simplemente continúas orando. Te alabo y Te bendigo, porque constantemente redescubro Tu amor y Tu misericordia. Deseo permanecer aquí de todo corazón y velar Contigo. Gracias, porque no me preguntas dónde había estado hasta ahora. Gracias, porque no me rechazas por haber desperdiciado momentos preciosos ocupándome en cosas sin sentido. Gracias, por no echarme en cara mis faltas y en vez de ello me permites quedarme aquí Contigo tal como soy.
Jesús, haz que el velar Contigo sea un signo de mi amor.
Jesús, haz que el velar Contigo sea un signo de mi amor.
Jesús, haz que el velar Contigo sea un signo de mi amor.

(momento de silencio)

-¡Jesús, esta noche es extraña! Tú te abandonas al Padre. Tus discípulos Te abandonan a Ti por cansancio. Tú sufres y oras, sudas sangre y Te ofreces al Padre. El único que vela y no se ha dejado vencer por el sueño es Judas, el traidor. Él no duerme. Prepara su traición y llega con unos hombres para llevarte, mientras Tú estabas inmerso en la oración. ¡Aún cuando al ver esto un dolor punzante atravesó Tu Corazón, Tú seguiste amándolo! San Mateo escribe:
“Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal: «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo». Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: «Salud, Maestro», y lo besó. Jesús le dijo: «Amigo, ¡cumple tu cometido!»” (Mt 26,47-50)
Jesús, aunque me sorprende el comportamiento de Tu traidor, ¡Tu reacción me maravilla! En ese momento de traición, cuando esas palabras de saludo fueron usadas para entregarte, ¡Tú encuentras la fuerza interior para dirigirte a Judas como “amigo”! Pero eso era realmente lo que sentiste al encontrarte con él cara a cara. Mi corazón está pasmado Contigo, Jesús, mi alma se maravilla ante un amor así, que es capaz de vencer cualquier tentación de actuar negativamente, un amor que no se deja turbar ni influenciar por nuestras actitudes.
¡Gracias Señor, por tanto amor!
¡Gracias Señor, por tanto amor!
¡Gracias Señor, por tanto amor!

(momento de silencio)

- Te adoro, Señor Jesús, esta noche, junto con todos aquellos que en el mundo entero han salido de sus casas para ir a orar, para hacer adoración y Te ofrecen su amor y su gratitud. Te doy gracias con todos aquellos que pagan Tu amor con amor y se inspiran en él, y son todos los que oran solos, en los grupos de oración y en las comunidades que hacen largas vigilias Contigo. Haz que se llenen de amor y paz, y se unan profundamente a Ti y a María, Tu Madre. Que muchos corazones sean inspirados y reparen por todos los que duermen, por los que Te traicionan, por los que, esclavizados a este mundo, pasan noche y día inmersos en el mal y el pecado, en el alcohol y las drogas, traicionando por tanto a sus familias, a sus padres y madres, a sus esposos y esposas. Oro por todos los que hacen mal a otros.
¡Jesús, haz que su espíritu sea más fuerte que la fragilidad de la carne y libéralos de todo mal!
¡Jesús, haz que su espíritu sea más fuerte que la fragilidad de la carne y libéralos de todo mal!
¡Jesús, haz que su espíritu sea más fuerte que la fragilidad de la carne y libéralos de todo mal!

(momento de silencio)

- Jesús, esta noche muchos están solos en medio de su dolor, abandonados por sus seres queridos, viviendo sus propios ‘getsemanís’ y no hay nadie que los consuele. Muchos serán llamados esta noche a dejar este mundo, sin haberse reconciliado con los demás ni con su Padre celestial. Gracias por el don de poder orar por ellos para que sientan Tu cercanía y para que Tú les envíes a Tus ángeles a consolarlos.
(Presentamos a Jesús a aquellos que sabemos que están sufriendo y a quienes están o deberían estar con ellos)

(momento de silencio)

-¡Jesús mío, bendíceme! Bendice a mi familia, a mis amigos, a mis enemigos, a todos aquellos por los que Tú sufriste y haz que Tu amor nos una, nos calme y nos proteja. Que glorifiquemos continuamente Tu amor. Toma todas nuestras luchas personales y diferencias, y ofrécelas al Padre unidas a la sangre que Tú sudaste por la salvación del mundo en el huerto de Getsemaní. Que todos los que aún no han dicho: “Hágase Tu voluntad y no la mía”, reciban esta noche la fortaleza para hacerlo. Que seas glorificado en ellos, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


 

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