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¿Cómo rezar el Rosario?

SEÑAL DE LA CRUZ

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.

+En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos la llama de tu Amor.
Envía, Señor tu Espíritu, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra.

ACTO DE CONTRICIÓN

Pésame Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí, y por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto, que haberte ofendido. Propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

SE REZAN LOS CINCO MISTERIOS (Ver misterios del rosario)

POR CADA MISTERIO:

  1. Escuchar la enunciación del Misterio y leer la Palabra de Dios:
Pedir luces para que el Espíritu Santo ilumine tu alma.

  2. Contemplar el misterio:
Imaginarse la escena del Evangelio y meterse dentro de ella como si se fuera un personaje más:

  3. Guardar unos segundos de silencio:
Dios habla bajito. Dejar que hable en el silencio del corazón.

  4. Luego, en cada misterio, mientras se procura seguir contemplando la escena, rezar:
- Un Padrenuestro, la oración al Padre que nos enseñó Jesús.
       - Diez Avemarías, con las palabras del Arcángel a Santa María y centradas en
      el nombre de Jesús.
      - Un Gloria a la Trinidad: a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, como oración cumbre de la contemplación.
- Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego y del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.


AL FINALIZAR LOS CINCO MISTERIOS, SE REZA POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y DE TODA LA IGLESIA:

-Un Padrenuestro

-Tres Avemarías

-Un Gloria

SE REZA LA SALVE

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN CONCLUSIVA

Oh Dios, cuyo Hijo Unigénito nos obtuvo la salvación eterna, por medio de Su Vida, Muerte y Resurrección, concédenos a quienes meditamos estos misterios, en el Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitar lo que enseñan y alcanzar lo que prometen. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.