Alfonso y su compañera de trabajo (de Legión de María) visitaron a un señor ateo. La primera vez, el señor un poco molesto les pidió que se retiraran. Alfonso respondió:
- Si usted nos permite volveremos en otra oportunidad, sólo para visitarlo, queremos ser sus amigos y podemos hablar también de las cosas que usted acepta, porque ellas nos interesan también y mucho.
A la semana volvieron, y esta vez el señor los dejó pasar, y tomando la iniciativa sacó el tema de la fe. Alfonso, iluminado por el Espíritu Santo, comenzó a hablarle. El señor lo interrumpió y le dijo:
- Perdone joven que lo interrumpa, yo no sé qué tiene usted, pero yo siento en este momento que mi espíritu se llena de paz y se colma un vacío que nunca pude llenar. Tal vez sea porque por primera vez en 67 años alguien puede hablarme de estas cosas.
El verdadero fin de la vida cristiana consiste en la adquisición del Espíritu Santo. En cuanto a la oración, al ayuno, a las vigilias, a la limosna y toda otra buena acción hecha en nombre de Cristo, no son sino medios para lograrlo San Serafín de Sarov