Una señora, impresionada por verla bañar a un leproso, le dijo:
- Yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dólares,
La Madre Teresa le contestó:
- Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor.
“El alma que anda en amor, no cansa ni se cansa”
(San Juan de la Cruz)