En una ocasión, cuando un grupo de personas impedían al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empezó a gritar:
- Oigan la palabra de Dios, ustedes los peces del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar...!
Mientras hablaba y enumeraba los dones concedidos por Dios, los peces empezaron a unirse y a acercarse a él, elevando sobre la superficie del agua la parte superior de sus cuerpos.
Este milagro se conoció y conmovió a la ciudad, por lo que las personas que estaban en su contra tuvieron que ceder.....
Un alma humilde no confía a sí misma, sino que pone su confianza en Dios. Santa Faustina