Cierta vez, se paseaba San Agustín, cerca de una playa, meditando sobre la Santísima Trinidad y cómo era posible que hubiera 3 Personas en un mismo y único Dios.
En esto, se encuentra con un niño que, sentado en la arena, intentaba llenar un baldecito con arena.
El santo, entonces, le pregunta:
- ¿Qué estás haciendo?
A lo que el niño le responde:
- Quiero poner toda la arena de esta playa en este baldecito.
- ¡Pero eso es imposible!
- No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad.
Dicho esto, el muchachito desapareció.
La felicidad que brota de la Santísima Trinidad, hace feliz a todo lo creado... de esta felicidad se alimentan los santos. Santa Faustina